La traducción de la metáfora

1. Introducción



La traducción de la metáfora ha sido una de las áreas que hasta la fecha no ha recibido la atención que se merece. Se ha publicado una gran cantidad de material sobre la metáfora, especialmente considerada como un fenómeno literario, pero la metáfora como problema de la traducción sigue siendo un foco de controversia y planteando grandes retos al investigador. Para ser más exactos, habría que decir que aún no contamos con una definición del concepto de metáfora que goce de aceptación generalizada entre los investigadores, que hay problemas con la terminología, así como con la clasificación de las distintas formas que adoptan las metáforas o el tipo de textos en el que aparecen entre otros.
Al aparecer estos problemas debemos decir que la traducción de una metáfora logre en el lector metas el mismo efecto que el original en el lector origen. Pero ¿por qué no se ha elegido en camino más fácil, es decir, una traducción al pie de la letra? Algunos teóricos de la traducción han descrito un fenómeno como “metarofobia” u odio visceral a la traducción de las metáforas al no solucionarse parte de sus problemas y ser este tipo de traducción un quebradero de cabeza para los especialistas en traducir.


2. El concepto de metáfora



Al encontrarnos con tantos problemas con la elaboración de una sola definición partimos de diversas fuentes para observar cada concepto dado:

Libros de consulta


Comencemos por las definiciones que nos ofrecen de este término los libros de consulta más prestigiosos.

The Oxford English Dictionary (1961)


Precisa que la metáfora es “The figure of speech in which a name or descriptive term is transferred to some objects from, but analogous to, that to which it is properly applicable”.
Lo que quiere decir es que estaríamos transfiriendo rasgos a un objeto que no coincidiría con el primero pero que compartiría una cierta analogía con él.

La enciclopedia americana (1064)


Define la metáfora en términos de la Retórica tradicional, acudiendo al concepto de analogía: “Metaphor: in rhetoric, a figure of speech that, presupposing a similarity of two or more things, denotes one of them by terms properly or literally signifying the other, as if they were identical. (…) The similarity presupposed by a metaphor may be viewed simply as a common attribute of two or more things”
Esta enciclopedia asume que hay un transvase de denotaciones entre un término y otro, con superposición de significaciones, concluyendo que el resultado es el tratamiento que se da a los elementos que intervienen en este intercambio equivaldría a tratarlos “as if they were identical”, es decir, que habría una asunción de rasgos pro parte del término receptor de la analogía.

El diccionario Webster (1986)


Nos sugiere una reformulación de la metáfora. Se repiten conceptos de “in place of”, es decir, sustitución, y “likeness or analogy”, similitud, que parecen ser los dos elementos fundamentales para la existencia de la figura:
“Metaphor: a figure of speech in which a Word or phase denoting one kina of object or action is used in place of another to suggest a likeness or analogy between them; (…) an implied comparison (…) in contrast to the explicit comparison of the simile”
Según este diccionario, ya no se trataría de un intercambio de rasgos semánticos entre términos, sino de una mera sustitución de uno por otro para sugerir el parecido existente entre ambos. Es importante llamar la atención sobre el hecho de que ya se habla de la posibilidad de que haya más de un término, es decir, que podemos encontrarnos una metáfora que se extienda a lo largo de más de una sola palabra.

La retórica


Quizá la primera elaboración conocida de una descripción de dicha figura se la debemos a Aristóteles, que a través de su definición compendia unos rasgos que van a ser constantes en las diferentes aproximaciones de este tema:
La metáfora es un elemento que surge a través de la creación, del ingenio, de la imaginación. Precisamente por ello es algo que no se puede enseñar. Es decir, en términos chomskianos, la realización de la metáfora sería limitada, a pesar de que nuestra competencia estaría parametrizada.
Su rasgo fundamental consistiría en una apreciación de similitud entre dos (o más) elementos diferentes, en una particular intuición para captar rasgos de afinidad que se hallarían implícitos en toda palabra esperando a que la clarividencia del hablante sepa captarlos y verbalizarlos.
Por último, destaca Aristóteles la capacidad iluminadora y por ello didáctica de la metáfora: mediante ella se ven las cosas más claras, es un medio para ilustrar algo en un principio no se mostraría tan evidente para el hablante.

Seguidamente, Cicerón en De oratione recoge la sugerencia de Aristóteles al afirmar que la metáfora ocupa un lugar que no le corresponde, apropiándose de él. Además, aparece el concepto de deleite estético.
“A metaphor is a short form of simile, contracted into one Word; this Word is put in a position not belonging to it as if it were its own place, and if is recognizable it gives pleasure”.

Dubois prefiere la figura en términos de un cambio semántico que consistiría de un doble proceso de adición y supresión de semas:
“(…) la metaphore n’est pas á propement parler une substitution de sens, mas une modificatioin du contenu sémantique d’un terme. Cette modification résulte de la conjoction des deux opérations de base: addition et supresión de sémes”.

Por otra parte, Cohen retoma el concepto de dependencia y superposición de dos elementos como factores que logran que uno de los términos se vea a través del otro:
“la metáfora consiste en presentar una idea bajo el signo de otra idea que no se vincula con la primera pro ningún otro nexo que el de una cierta conformidad o analogía”.

Y por último Ricoeur(1977)entiende esta figura como un mecanismo constantemente creador e innovador, y observa sus particularidades, aseverando que su nacimiento se debe fundamentalmente a un descubrimiento de analogía:
“(…) más que constatar explícitamente analogías, uno las comprime en una imagen que tiene el aire de una identificación”.


La lingüística


Gardiner habla de la metáfora y la entiende como una desviación del significado central de las palabras que provoca una incongruencia:
“Metaphor signifies, in its technical use, any diversion of words from their literal or central meanings (…) metaphor resembles incongruent word-function (…) true metaphor, at least in the lexicographical sense, begins only where the thing-meant can be distinctly recognized as such, though presented figuratively a pictorial word conjuring up some other scene”.

Lyonsnos habla de la metáfora como elemento conceptual para los griegos y afirma:
“(…) la metáfora (transferencia), basada en el vínculo natural que existe entre le referente primario y el referente secundario al cual se aplicaba la palabra”.

Por último, Poca- Pons sin embargo retoma la idea apuntada por el diccionario WEBSTER y afirma que “la metáfora envuelve una comparación implícita”. Además insiste en que se trata de “la manifestación fundamental de la transferencia de sentido”.

Los estudios de traducción


Daugt en 1976 trata la metáfora en un estudio exhaustivo, pero no da una definición concreta, sino que más bien se queja de que no exista una formulación adecuada:
“What does need to be questioned and clarified, though, is the actual range of lexical items to which the term ‘metaphor’ should be properly applied (…)”.
Así, discute ampliamente el tratamiento paupérrimo que ha recibido este fenómeno a manos de traductólogos tan afamados como NIDA, MOUNIN, etc. Sin embargo, la definición que él elige se inclina más hacia una descripción de las propiedades de la figura. En su formulación se observa dos conceptos recurrentes en las investigaciones que hemos estudiado ya: la afinidad como condición necesaria yla ruptura semántica.

Vázquez Ayora reformula el concepto de metáfora acudiendo a la irregularidad semántica:
“(…) las metáforas tienen su punto de partida en la infracción de las reglas se selección en el campo semántico”.
Lo que en realidad trata de decirnos es que en la formación de esta figura se seleccionan rasgos semánticos no pertenecientes al menos en pura lógica- al vocablo que estamos tratando, de ahí a su extrañeza.

Octavio Paz también intenta definir la figura, y merece la pena reproducir la aportación, exacta y aguda como suelen ser todas sus presuposiciones, aunque no sea particularmente aplicable al tipo de análisis que buscamos:
“(…) metonimia o metáfora (…) la primera es una descripción indirecta y la segunda una ecuación verbal”.

Newmark se va mostrar menos metódico y taxonómico, pero va a matizar más. Así, nos precisa su noción de la metáfora:
“Metaphor is the concrete expression of the ability to see resemblances or contrasted differences, the normal sign of innovation in lenguaje as is invention in life”.
Nos encontramos con una reformulación ya no puramente lingüística, sino más bien ontológica, en la que se recrea la fuerza asociativa y creadora de esta figura.

Por último en este apartado nos encontramos con Rabadán que va a tratar esta área como un problema clave dentro de la inequivalencia translémica inglés-español. Esta autora afirma que lo primero que necesitamos es “una definición válida y operativa de la metáfora” y la define así:
“la metáfora es la aplicación a un objeto un fenómeno del nombre de otro en virtud de una relación de semejanza entre ambos”.
De esta forma vemos conceptos que no son ya muy familiares: la aplicación de un nombre a otro fenómeno y la semejanza.

La semántica


En este apartado recurrimos a una bibliografía un tanto antigua.

Robins asevera que la metáfora es una manifestación de ampliación semántica, pues en base a una similitud de significado se pueden expandir los usos de una determinada palabra, aumentando por ello los contextos en los que se podría aparecer.

Bühler concibe la figura como una “mezcla de esferas”, y se inclina pro la hipótesis de la incongruencia de la metáfora como un elemento identificativo de ésta: “(…) incongruencia, deficiencia, selección, efecto diferencial son expresiones de uno y el mismo sencillo fenómeno”.

Brown contempla la metáfora y llega a la conclusión de que los atributos que ésta aporta al segundo término de la comparación se deben a la transferencia semántica:
“Metaphor is the name for the utterance that suggests its referent though a transfer of meaning”.

Finalmente, Palmer adopta el punto de vista de la transferencia al afirmar:
“Metaphor where a Word appears to have both a ‘literal’ meaning and one more ‘’transferred meanings”.


3. La metáfora como fenómeno intralingüístico



El punto de vista clásico (de Aristóteles a Coleridge)


Antes de Aristóteles ya Sócrates y Platón habían hablado de la metáfora. Para Sócrates, ésta formaba parte de integrante de la Retórica, y era útil para ganar discusiones, convencer, razonar… Platón, por su parte, reconoce el poder de esta figura para persuadir, pero critica a los filósofos que hacen uso de juegos verbales para alejar a otros de la verdad. En el mundo griego la metáfora era un poderoso método de argumentación al que se miraba con sospecha por su susceptibilidad a ser utilizado en perjuicio de la sabiduría. Sin embargo, el primer análisis detallado sobre la metáfora lo encontramos en Aristóteles. Según él, es una especie de “desvío” del uso normal del lenguaje.

La visión que dejaron los griegos, por lo tanto, es la de un uso desviado, que sirve para llamar la atención sobre similitudes ocultar y que, de ser mal utilizado, puede dar lugar a inflamación de pasiones y sofismo.

Más tarde, Cicerón veía en la figura un medio para producir un efecto decoroso en el habla, mientras que Horacio le atribuía la facultad de presentar relaciones armoniosas entre elementos. Longino parecía estar más preocupado por el abuso metafórico, pues según él dicha figura sólo debía usarse en ocasiones apropiadas y nunca habrían de darse más de dos en el mismo pasaje.

Quintiliano afirma que el término “metáfora” es el equivalente de “translatio”, que se trata de un tropo y que por ello es “the artistic alternation of a word or prhase form its proper meaning to another”.

A lo largo de la Edad Media se le dio un giro religioso a la figura, y se considera que el mundo es una especie de libro lleno de metáforas creado por Dios para que el hombre las interprete.

El racionalismo y el empirismo que surgen en el siglo XVII comienzan a considerar esta figura desde el punto de vista puramente estilístico, y crean el “playn style”, que reclama la claridad de la lengua; así, la metáfora se ve como un ornamento superfluo.

En el siglo XIX se imponen las teorías de Shelley, Wordsworth y Coleridge, que niegan de modo rotundo el carácter exclusivamente ornamental de la metáfora y reivindican el poder creador de dos elementos esenciales: “Fancy” e “Imagination”.

El siglo XX


En el siglo XX, el Positivismo Lógico define la metáfora como un concepto que tiene un estatus extra-lógico, por tener referentes ambiguos y valor real muy dudoso.

Por otra parte, Richards hace que la noción de metáfora cambie totalmente.


4. La metáfora como fenómeno interlingüístico: estudios de traducción



Los autores que se han centrado en el área de la traducción de la metáfora parecen estar radicalmente divididos en cuanto a unos principios básicos. Veamos en qué estado se halla esta cuestión particular.

Aproximaciones


Según Van Besien y Pelsmaekers existirían dos corrientes principales: la tradicional, que prestaría mayor atención a la tipología de la metáfora y factores de similitud; y la descriptiva, que haría un estudio exhaustivo de la figura dentro de su contexto antes de llegar a hipótesis alguna sobre su trasvase.

Traducibilidad de las metáforas


Existen opiniones muy diversas. Algunos lingüistas llegan a la conclusión de que nuestra figura es en esencia intraducible puesto que la metáfora es una creación única e irrepetible, sería imposible el trasvase a otra lengua, pues lo que haríamos entonces sería crear otra metáfora nueva. La única solución posible es “explicar” la figura.

Otra postura es la negación de que ni siquiera exista este problema, es decir, que la traducción de la metáfora no constituiría un problema esencial sino que su dificultad sería equiparable a la de otro fenómeno cualquiera de la traducción.


5. Tipos de metáfora



Los tipos de metáfora que analiza Newmark son los siguientes:

Dead Metaphors

Dentro de este tipo considera los tipos de metáfora muertas, entre ellas, las transparentes y las opacas, algo que sin embargo, no aporta ninguna definición de este concepto.

Cliche Metaphors

Este tipo de metáforas constituiría un área difusa en la que se entremezclaría metáforas muertas y tradicionales; entre las fórmulas que incluye aquí destaca lo que aquí denomina “stereotyped collocations”.

Stock or Stands Metaphors

Estas serían las metáforas tradicionales, que se han acuñado a fuerza de uso y se han incorporado tanto al habla como al diccionario.
Respecto a la traducción de este subgrupo, Newmark, nos recuerda repetidamente que, antes de tomar una decisión, es necesario valorar aspectos como la frecuencia de uso de la traducción elegida, la naturalidad de la expresión y su actualización dentro del registro particular en el que se encuadra.

Recent or Original Metaphors

Según el autor, este tipo de figura es “the constitutive form of languages”; cuanto más original sea la metáfora, es decir, cuanto más se desvíe de la norma lingüística de la Lengua Meta, más razón habrá para la traducción semántica, puesto que “in its essence it will be remote from common semantic as well as cultural associations”. Sin embargo, el autor se contradice, pues después de afirmar que estas figuras se alejan de asociaciones culturales, acto seguido, afirma que su traductibilidad dependería del grado de contacto cultural que hay entre la lengua/ cultura origen y la meta.
Newmark también da enorme relevancia a efectos de traducción, entre ellos la importancia de la metáfora en el contexto, el elemento cultural, el grado de compromiso del autor, su educación, elementos personales, etc.


6. Bibliografía



García González, Javier y Coronado González, María Luisa Traducción de los antropónimos. Universidad Autónoma de Madrid y Escuela Oficial de Idiomas de Madrid.

Moya, Virgilio (2000) Traducción de los nombres propios.

Samaniego Fernández, Eva (1996) La traducción de la metáfora

http://www.wataonline.net/site/modules/newbb/viewtopic.php?topic_id=1324